Publicado: 22 marzo 2010
Fue en 1995 cuando Mártires del Compás sorprendió desde Sevilla con su primer disco Flamenco Billy. Había nacido una nueva manera de sentir la música sureña inspirada en el flamenco y el término “Flamenco Billy” se convirtió en una marca registrada inseparable de Chico Ocaña, el alma de la banda. Hoy, 15 años después y tras la disolución de Mártires del Compás en 2007, Chico Ocaña se embarca en una nueva aventura en solitario con su primer disco Canciones de mesa camilla, que se publica el 9 de marzo de 2010.
“Flamenco Billy es mi fórmula, diferente a todo lo que se hace”, dice Chico Ocaña. “Es un formato musical, inspirado en cantes flamencos ortodoxos que después animo con otras tendencias. Todo tiene su base en el flamenco, como hicimos con Mártires del Compás en los tres primeros discos, hasta que comenzamos a meter sonidos más eléctricos”.
Canciones de mesa camilla es puro Flamenco Billy, un disco en el que mandan las canciones y las letras. “Es un título manchado con ese color”, continúa Chico Ocaña. “Este disco significa la primera vez que he cogido el mando al cien por cien y nace de la necesidad de contar lo que me ha pasado desde la ruptura de Mártires, que fue muy frustrante. Todo lo que pasó desde entonces hasta que comienzo a trabajar de nuevo hace que el disco sea de camilla, de casa, como aquel Flamenco Billy. En Canciones de mesa camilla empecé con mis dos guitarristas a hacer temas en casa, en plan familia, entre Barcelona y Sevilla. Acerté porque son gente muy cariñosa y me han ayudado mucho”.
Canciones de mesa camilla es un disco esencial. Dos guitarras españolas, bajo y percusión se bastan y sobran para sostener la voz de Chico Ocaña, sus canciones heterodoxas, lúdicas, siempre sorprendentes. “Son historias que pasé y las cuento con mi ironía y surrealismo, que también se refleja en la portada del disco, obra de Carlos Pacheco” dice Chico, que insiste en el aspecto familiar de su trabajo. “El disco se grabó al revés de lo que se hace normalmente. Primero la voz y las guitarras; después el bajo y la percusión. Decían que estaba loco, pero así es como nacen las canciones”.
Son canciones como Mentiras de verdad (“Cuando del amor es de verdad se abre como un garaje de par en par”), una rumbita que a veces aparece mezclada con frases blues en las falsetas de la guitarra española. Arena en el reloj (“He decidido romper el reloj de arena, cortar la espuma de la bañera. Tú lo debes de comprender, no te puedo dejar ser porque entonces tú serás yo, y yo me mato”) comienza con un precioso juego de guitarras españolas, mezclando bulería y soleá con blues y swing, mientras 30 metros (“30 metros pa quererte, 30 metros pa perderte y otros 30 para empezar de nuevo”) ofrece un estupendo balance rítmico rumbeado.
Después, Efervescente (“Efervescente se ponen mis carnes cuando te entretienen”) incluye algún aroma que podría unirse a la música tradicional latinoamericana con un final que sorprende y Pez de acuario (“Pero los sueños si no se cumplen te engañan, si no se buscan te encuentran, si no se viven te matan”) se mezcla con rumba, con constantes cambios rítmicos. Costillitas de amor (“El amor es bonito si todo te acompaña, los besos de la noche y las mentiras de la mañana”) mantiene el indiscutible tono flamenco, como Vía verde (“Roto, dicen que el mundo está roto, como los vaqueros, como nuestra foto, como el billete de cinco euros”), que introduce algún toque reggae.
CCC (“Llegaste por sorpresa como un tsunami dejando mi corazón como se quedan las plazas después de la botellona, y se tunean los coches, y se tunean las ganas y se mandan SMS con palabritas de mil dolores”) vuelve a la rumba por derecho. “Es Cáncer, Carretera y Corazón, una canción dedicada a mi sobrina que se mató en la carretera y a amigos que se me fueron antes de tiempo”, dice Chico Ocaña. De calle (“Soñar es un error porque se vive dos veces, una con el corazón y otra con la mente”) cuando termina el tema, como es muy dramático, para darle alegría introduce una letra de fandango alosnero con referencias al “polingano” industrial sevillano de Calonge, es una de las sorpresas del disco, ya que no aparece en los créditos. Sevillanas de la luz propia (“Las estrellas no ríen, las estrellas no lloran, las estrellas como los dineros no tienen luz propia. Palito a palito yo hago mi escalera pa saltar al otro sitio”) va por eso, por sevilllanas bajo la personalísima visión de Chico Ocaña
En la recta final del disco, Alegrías sin sal (“El día que yo me vaya, que ni me quemen ni me entierren, que me echen a los buitres pa volar libre por el aire. Como Quijote yo veo molinos por toítas las partes y como me da la gana, a los molinos les pinto tu cara”) vuelve a sorprender con un comienzo blues y una continuación por alegrías por derecho, una mezcla que se mantiene todo el tema para acabar con asombro en letra (“Evo Morales, me gusta tu jersey y me gustan tus modales) y final acelerado. Esquina rincón (“Eres una esquina, un rincón soy yo, a ti te da el sol de la calle pero los secretos los guardo yo”) va por tanguillos y Vals de Natalia (“Sandwich de amor, tú serás mi quesito de bola y yo el jamón york”), que Chico Ocaña dedica a su hija, termina el disco por rumba, tangos y bulerías.
Como siempre pasa con Chico Ocaña, después de las canciones pasan segundos y aparecen ocultas algunas cosas. “Siempre he metido secretos”, dice. “Un fandango y la historia del final, Quiero decir que con la verdad se puede ir a todas partes y la mentira tiene las patas muy cortas. Pero sin acritud”.
Es Canciones de mesa camilla, lo nuevo de Chico Ocaña, un disco diferente, único como su autor. “Me gusta pasar por estilos que parecen imposibles de manera natural. Es lo que da sentido a mi obra”, dice. Es la tónica que ha marcado la carrera del que fue fundador y alma del emblemático grupo Mártires del Compás.