Barcelona tiene un problema bastante serio: hay tantos restaurantes que elegir dónde cenar puede convertirse en una actividad de tres horas. —¿Japonés? —No. —¿Italiano? —Ayer. —¿Tapas? —Siempre tapas. —¿Algo diferente? Silencio. Por suerte, Barcelona tiene una oferta gastronómica enorme: cocina…
